14.4.15

Resquicios de intimidad y oh, el drama en internet

No soporto todos esos estudios, psicólogos, y demás investigadores de lo cotidiano y lo absurdo que últimamente pueblan los medios de comunicación analizando las redes sociales como si fueran un universo desconocidos. Y no los soporto porque hablan alienando estos espacios, como si fueran un escenario totalmente diferente y sus habitantes fueran extrañas criaturas sometidas a una presión constante, con un mérito similar al de esas bacterias valientes que viven en las salinas o a esos cangrejos que hacen su día a día en el agua hirviendo junto a los volcanes submarinos.

Lo que siempre se les olvida recordar es que, igual que esas bacterias y esos cangrejos no pueden vivir sin las condiciones aparentemente adversas del medio, las redes sociales no pueden existir sin la acción del usuario (¿quién no recuerda los míticos hi5, fotolog o ese rudimentario espacio que te permitía el msn?) y que cuando los usuarios se marchan, la red muere. 

Son muchas las cosas que puede decir alguien que ha estudiado comunicación con respecto a las redes sociales. En serio, no sé si haber estudiado periodismo me da una perspectiva diferente, pero de verdad que pienso que la gente no sabe valorar la información que emite y que esta, a diferencia de lo que uno dice en la "vida real" permanece en las redes sociales esperando que alguien la aproveche.

El tema de qué y cómo lo compartes en redes sociales no nos es ajeno a ninguno. Siempre vemos noticias relacionadas con acoso mediante perfiles anónimos,  adolescentes que mandan fotos indebidas a señores camioneros de Murcia o timos y estafas relacionadas muy turbias. 

Lo que ocurre es que últimamente han salido distintas campañas recordándonos que, mientras las redes sociales parecen un reino de la felicidad absoluta, la vida de uno no es tan maravillosa como quiere dejar de ver, por lo que no hay que creerse todo lo que uno ve en facebook.


¿En serio? ¿De verdad, señores investigadores, habéis tenido que perder horas de vuestro tiempo en determinar que no nos gusta contar nuestras desgracias a gente que conocemos?

Lo lamento mucho. 

No sé si es que mi mente es privilegiada, pero coño, a mi no se me ocurre que a alguien le pueda gustar contar sus miserias en facebook. No se me ocurre que una persona quiera acordarse de los aspectos negativos de su vida y exponerlos, con nombres y apellidos, a todos aquellos que estén dispuestos a mirarlos como si de un espectáculo de circo se tratara.

No nos engañemos; a ninguno nos importa lo más mínimo contar nuestras penas a gente de internet que no conocemos, que hablan tras la bruma de anonimato que ofrecen las redes sociales, que no son más que el avatar de un foro o el nick de un chat. Gente a la que no vas a ver nunca y que, en ese momento, hacen la función perfecta de paño de lágrimas. Pero la cosa cambia mucho cuando el que te está leyendo es alguien a quien leerás por la calle y con el que compartes lo terrible de lo cotidiano, de saber quién es, de tener una idea establecida el uno del otro.

Tú no paras a una señora por la calle y le cuentas que tu padre se muere de cáncer. Y no lo haces, porque corres el riesgo de volver a ver a esa señora en esa misma calle, cuando cada uno de vosotros os dirijáis a hacer vuestra vida y te encuentres, de frente, con una mirada terrible que solo expresa pena y compasión.

No nos gusta la pena y la compasión, digáis lo que digáis. Menos aún si viene de gente con la que has comido y que no es nada más que una experiencia del pasado sin relevancia ninguna. No es como si, por esas cosas que pasen, de golpe tu relación con alguien mejore y decidas abrirte a él. Estamos hablando de exponer, como en un escaparate, todo lo malo que te ocurre.

No hablo de desgracias evidentes. La muerte de un familiar cercano, un mal accidente o una mala noticia que todo el mundo pueda conocer. Hablo del trámite hacia la desgracia, o de la realidad que esta deja: el sufrimiento durante la enfermedad, la lesión y recuperación tras el golpe. No nos importa el drama evidente, ¿pero y el dolor complicado?¿Y todas esas pequeñas cosas que nos hacen daño, que están ahí, que precisan de palabras para ser explicadas? Esas son nuestras, esas son nosotros mismos. 

Tenemos miedo al rechazo, claro, porque somos seres sociales. Tenemos miedo a la burla y nos han enseñado que la debilidad es mala en todo momento, que siempre hay que ser fuerte y que la cara que hay que mostrar al mundo debe estar limpia y mostrar una sonrisa soberbia. 

Con esto tampoco quiero decir que lo normal sea inventarse una vida, ¿eh? Una cosa es omitir detalles escabrosos y otra inventarse alegrías donde no las hay. Una vida ficticia en internet es el resultado de un profundo malestar con uno mismo y conviene preguntarnos por qué. Pero también ocurre muchas veces que el hecho de no contar lo malo da a entender que no te pasa nada malo. 

Es un poco cuestión de percepción y de mala leche el pararse a juzgar que fulanito no está triste en Facebook o en Instagram. ¿Será que no le ocurren cosas malas?¿O será que tiene derecho a guardarse algo de información?

Me parece algo muy cínico y terrible que alguien llegue a plantearse como algo malo que no queramos compartir en internet las desgracias de nuestra vida. Me parece aún más absurdo que se hagan estudios sobre ello, como si hubiera que explicarse por qué, a día de hoy, quedan resquicios de intimidad.

Al fin y al cabo, si para nosotros no querer compartir nuestra intimidad es algo digno de estudio porque "algo raro habrá detrás" creo que tenemos que revisar un poco qué clase de sociedad estamos creando.







1 comentario:

sacachis s dijo...

Muy cierto. No entiendo cómo hay personas que cuentan cada detalle de su vida a un total extraño