7.3.17

Empoderar o no empoderar, esa es la cuestión



Lo que más me gusta del feminismo es que me da la sensación de que es un ente vivo que se "retuerce" cada día. Ya sea por la facilidad de dialogo que ofrecen las redes sociales (porque guste o no el ciberactivismo sin él muchas no tendríamos una visión tan completa de la situación actual) o porque se trata de un movimiento en alza es muy sencillo aprender de nuevas situaciones 

Esta forma de compartir y aprender no es sencilla porque permite a una hacerse con muchos datos y eso incomoda; hay mucha, muchísima gente que necesita que le resuman un movimiento o ideología en cuatro o cinco cuestiones clave. Pienso que esa gente se pierde lo más bonito e interesante: la variedad, la valoración y la decisión de apostar por unas cosas o por otras. 



Creo que es bueno que el feminismo tenga puntos en conflicto consigo mismo porque no todas hemos vivido las mismas situaciones y tenemos distintas perspectivas (especialmente cuando vivimos en una situación muy concreta) que es necesario poner en común y valorar con el único fin de mejorar y crecer. Compartir, vaya. 

Una de las cuestiones claves del feminismo es la empoderación de la mujer y precisamente por su necesidad es urgente y esencial abordarlo. He tenido la oportunidad de ver muchos aspectos del día a día criticados o alabados por este tema. 

Ocurre, por ejemplo, con el maquillaje. Hay sectores que hablan de lo empoderante que es para la mujer la seguridad que este otorga y la capacidad de modificar nuestro aspecto corporal muchas veces rompiendo los roles establecidos. Visto lo polémico que es a veces que "nos maquillemos como puertas" o que "nos cortemos el pelo para parecer lesbianas" estoy muy de acuerdo con su poder; lo que moleste a machirulos es siempre bien recibido. 

Sin embargo hay otros sectores que opinan lo contrario; no se puede hablar de una industria como la relativa a la estética sin entender cosas como que somos NOSOTRAS las destinatarias. Somos las que tenemos una larga lista de productos para alterar nuestro aspecto, lo que nos tiene que hacer preguntarnos: ¿por qué nuestro aspecto tiene que cambiar?¿no es acaso lo suficientemente bueno de forma natural?¿podemos estar mejor siempre?

Es importante hacerse preguntas, muchísimas preguntas sobre todo lo que hasta ahora nos parecía normal. Desde depilarse (que qué poco nos cuesta) hasta, por supuesto, maquillarse. Todo lo que hacemos está marcado por una sociedad machista por lo que todo será machista, incluso lo que al principio nos parece inofensivo. Con el feminismo ocurre a veces que, a medida que amplías horizontes y palpas la realidad, te da la sensación de enfrentarte a un agujero negro enorme que es el machismo. Cuando comienzas a indagar sobre el tema este agujero abarca unas pocas cuestiones que son aparentemente muy importantes, pero a medida que vas conociendo más este se hace más grande y te das cuenta de que estás dentro. Da un poco de miedo pero no por eso es menor real. 

No puedo hablar de situaciones de las demás pero sí puedo hablaros sobre la mía: no me interesé por la ropa y el maquillaje hasta que llegué a la universidad, con 18 años. No empecé a verme guapa hasta un par de años después, cuando ya empezaba a saber lo que me quedaba bien y lo que no me hacía sentir cómoda. La verdad es que, si soy sincera, sentirme así me ayudó a reunir confianza en mi misma. Pero también es cierto que no me siento más débil por no estar maquillada; que salgo a la calle sin sentirme incómoda por no estar maquillada y que, el día que se me hace tarde, no dejo de hacer nada por no poder arreglarme antes. entiendo que hay chicas que no han llegado a ese punto y que no se sienten cómodas sin usar esos productos y lo respeto, pero no puedo negar que me parece un verdadero problema. 

Ahora bien, una vez me encontré con un texto en twitter. No recuerdo a la usuaria que lo posteó pero hablaba de que ella siempre había tenido sobrepeso y siempre había recibido insultos por ello, que su entorno la tildaba de fea y que había sido incómodo para ella toda su vida. Ella hablaba de que cuando empezó a usar maquillaje y que en el momento en el que pudo estar sexualmente con otra persona se sintió empoderada; de golpe sentía ese derecho a estar en el mundo que las mujeres parece que tenemos que ganarnos. 

Me pareció un mensaje tan sincero y tan real... Que no pude dejar de pensar en que tenía razón. Que ella había llegado al empoderamiento recorriendo un camino trazado por el machismo (usa esto para verte bien, consigue un hombre) pero que el resultado era el mismo; una mujer que había logrado estar segura de si misma y empoderarse. 



Mi conclusión 

Antes comulgaba con el mensaje de que el maquillaje no empoderaba, sino que perpetuaba el machismo al que estamos atadas. Lo sigo pensando. Pero también creo que lo importante no es la raíz de todas esas cuestiones que a veces nos hacen sentirnos fuertes, sino que nos molestemos en entender su raíz. 

Si depilarse te hace sentirte más segura, hazlo. Pero párate a pensar por qué la sociedad te invita a ello y una vez lo entiendas sigue haciéndolo si lo estimas oportuno. Si quieres maquillarte porque te ayuda a sentirte mejor, adelante. Pero no obvies que es una industria millonaria dedicada a ofrecernos la solución a "no ser suficientemente buenas". 

Cuando entiendes el origen de algo puedes beneficiarte de ello y usarlo a tu favor para hacer las cosas bien. Y por bien me refiero a conseguir el poder sobre nosotras mismas que se nos ha quitado y, después, trasmitir lo que hemos entendido. Convertir una herramienta de opresión en arma es siempre una victoria. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Entender que la del maquillaje es una industria millonaria dedicada a ofrecernos la solución a "no ser suficientemente buenas", que refuerza el body monitoring y la autocosificación, y al mismo tiempo decidir que voy a seguir haciéndolo porque de lo contrario no me encuentro cómoda ni segura de mí misma en ambientes sociales (de noche, de fiesta, en el trabajo...) me hace sentir como la mierda. Quiero decir que no creo que me haya servido de mucho entenderlo.